miércoles, 11 de febrero de 2009

Augusto Monterroso " El Eclipse"


Todo lector tiene libros y autores preferidos. Incluso escritores de la talla de Cortázar han mencionado tener textos y escritores “favoritos”( El puente sobre el río del Búho - Ambrose Bierce, William Wilson- Edgar Allan Poe, Un sueño realizado - Juan Carlos Onetti, entre otros).
En los 90’s cuando participaba en un taller con el escritor Reynaldo Santa Cruz, leímos un texto de Augusto Monterroso, "El Eclipse", una joya y manual al mismo tiempo, de cómo narrar brevemente con un lenguaje carente de adornos y artificios. Curiosamente antes de “postear” el cuento en mención, observo que Casatomada (mi casa editorial) publicó un texto de Monterroso (no habíamos cruzado palabra alguna al respecto con el editor y colega Gabriel Rimachi). Sin embargo esta feliz coincidencia no hace sino reafirmar que la prosa pulcra del autor guatemalteco es una de las más apreciadas por los lectores de hoy.
Me encantaría que, en homenaje al autor, pudieran hacer algún comentario sobre este gran cuento.

EL ECLIPSE de Augusto Monterroso


Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.
Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.
Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.
Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.
—Si me matáis —les dijo— puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.
Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.
Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

3 comentarios:

  1. Me ha parecido un cuento encantador...Lo conocí hace dos días cuando buscaba documentació sobre Historía de la Ciencia para preparar una asignatura de Antropología. Hoy buscaba si el relato era veraz y he descubiero a Augusto Monterroso del que sin duda leeré más obras. Es un relato excelente con un planteamiento de la soberbia del pensamiento etnocéntrico. Una evidencia de la supuesta supremacía del pensamiento occidental, en muchas ocasiones, sobrevalorado. Un cuento para el alma, más allá de la procedencia geográfica que tenga su cuerpo.

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  2. Es un gran cuento. Me ha sorprendido tanto encontrar esta misma historia en un cómic de Tintín y una novela de Mark Twain que he escrito un breve post sobre el tema. Adjunto el enlace por si a alguien le interesa echarle una ojeada:
    http://bailarsobrearquitectura.wordpress.com/2014/02/02/tintin-monterroso-y-un-yanqui-de-connecticut/
    Saludos,
    Iago López

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  3. Iago,
    Voy a leer el post y tienes razón, recuerdo lo de Mark Twain. En literatura los temas se repiten. En los "decálogos" y pautas de Monterroso, Quiroga, Twain, Cortazar, Rulfo, los maestros dicen que hay nada nuevo por inventar y que uno debe " tomar" de otros. Mira como la Eneida de Virgilio es similar a la Iliada de Homero.
    Un abrazo,
    Hemil

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