domingo, 15 de mayo de 2016

reflexiones reflexivas sobre lecturas desordenadas

Reflexiones reflexivas de lecturas desordenadas.
He terminado por fin de leer Voces de Chernóbil. Un gran ensayo en base a testimonios sobre la catástrofe (mal llamada accidente) que desnuda la irresponsabilidad del Gorbachov y la farsa del comunismo soviético frente la terrible explosión radiactiva en Chernóbil. Un libro desgarrador pero necesario para quienes quieran escribir un libro con un formato periodístico o que desean conocer la verdad de dicha tragedia por medio de los testimonios de los sobrevivientes, algunos de ellos ya fallecidos.
Estoy leyendo Trópico de cáncer de Henry Miller, un libro muy transgresor, muy sexual y escrito de manera sobria. El libro estuvo prohibido en lo Estados Unidos, país que en los 1930 tenía “estándares de censura” o lo que se conoció como el American Censorship Standards. El Ulysses de Joyce también sufrió la censura porque su contenido sexual explícito (léase Bloom masturbándose).
Ayer leí 25 páginas de Malinche de Laura Esquivel en Barnes & Nobles y lo disfruté porque tomé un café y el libro prestado. Me ha hecho reflexionar sobre las maravillas y misterios de la población Anáhuac (antiguo México), sus códices, las astronomía, la historia y ese pasado que nunca podrá ser rescatada siquiera en historias de manera fidedigna. Me ha hecho recordar un hermoso libro llamado Literaturas de Anáhuac y del Incario publicado por la UNAM y cuyo autor es Miguel León-Portilla. Un libro en cuya portada se explica que versa sobre “la expresión de dos pueblos del sol”.
Sigo avanzando avanzando la novela El maestro y Margarita de Bulgakov.
He avanzado casi 30 paginas de un tirón la novela Bajo la sombra del autor y mejor amigo Jack Martínez.
He leído Existencialismo from Dostoievski to Sartre de Walter Kaufman por partes ya que alguna capítulos tienes más poderes magnéticos-literarios que otros. Mientras los días transcurren y sigue lloviendo en Virginia, tendremos que seguir tomando café y apostarnos al lado de la ventana con un libro.
Mis lecturas de Light in August, de Faulkner, Ulysses de Joyce y relectura de 2666 de Bolaño tienen que esperar un poco porque así me lo indican mis antenitas de vinil literarias. Es probable que haya estado leyendo otro libro, pero no lo recuerdo.
Justamente hace unas días una colega me preguntaba cómo hacía para leer tantos libros a la vez y que no me creía que pudiera leer tantos. Yo tampoco me lo creo. Ni es algo que me propongo. Empiezo a leer un libro y luego veo otro y me interesa, así voy alternando y a veces el primer libro queda postergado por cinco días, una semana o un mes. A veces tres libros se apoderan de mí. A Veces cuatro. Entonces me toman más tiempo del “normal” (si existe alguna manera normal de leer).
Me dice esta colega escritora que leer más de un libro le puede causar ansiedad y que es mejor leer uno solo. Es probable. Es muy probable. Pero todos somos diferentes y incluso nosotros mismo cambiamos. Antes leía un libro lo marcaba y eso era todo. Ahora leo tres, marco, anoto y luego no encuentro las notas y a veces ni los libros. Tengo tres morrales (bolsas mensajeras, mochilas, etc.) para ir a trabajar. Una para cada universidad así no me pongo a meter unos libros y sacar otros. El tercer bolso es para llevar solo mis libros cuando me escapo a leer y tomar un café. Es así como funciona mi muy desordenado método de lectura.

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