domingo, 24 de agosto de 2014

Reflexión reflexiva

Reflexión reflexiva: me dedico a estudiar Hoy es uno de esos días en el estoy a punto de empezar algo que definirá mi vida no sé si totalmente, pero al menos en una parte importante. Mañana empiezo mi último semestre enseñando español en George Mason University en mi calidad de Teaching Assistant. Estoy tan agradecido por el inmenso apoyó de mi universidad , profesores, colegas y coordinares porque en estos tres semestres he crecido profesionalmente en base a trabajo, mis errores, el apoyo y feedback de mis mentores. He llamado a esta nota “Reflexión reflexiva” así redundantemente adrede porque esta reflexión es sobre aquello que debo analizar y porque en este semestre ensenaré el verbo reflexivo a mi alumnos novicios en el idioma español: me levanto, me acuesto, etc. Desde mañana hasta el fin del semestre otro objetivo es terminar de escribir la tesis y defenderla para poder graduarme como MA in Spanish. Casi dos años y medio de estar alejados de todo. Pasar viernes, sábado y domingo estudiando; no hay otro horario posible para un adulto que trabaja y tiene familia. Estudiar en el auto mientras la esposita maneja, estudiar en la hora de almuerzo, cuando se me va el sueño, cuando es feriado. Es un sacrificio muy grande porque no tengo la energía de un muchachito y además es imposible realizar un proyecto así sin el sacrificio de toda mi familia: mi esposa y mis hijas me “ven” o hablan menos. Sé que este proyecto me ha ayudado a crecer y que el futuro será algo mejor para todos. Desde el 2009 seguí los consejos de una catedrática y ahora amiga y volví a estudiar, esta vez, literatura. Lo irónico dejé de escribir casi por completo y no he publicado ni publicaré nada hasta el 2015. Me he dedicado a leer literatura española y sudamericana. En todo caso releer porque muchos autores esenciales desde Aristóteles hasta Unamuno ya los había leído. No hay de otra. Es imposible escribir al menos mediocremente bien sino has leído bueno libros. Lo escuché mucho en los decálogos de Monterroso, Quiroga, Baudelaire y tantos otros y terminé creyéndolo. Los maestros siempre están de acuerdo y los que somos estudiantes o estudiosos debemos ser humildes. Y aquí comparto dos frases de Unamuno: 1) Quiero vivir y morir en el ejército de los humildes, uniendo mis oraciones a las suyas, con la santa libertad del obediente. 2) Un pedante es un estúpido adulterado por el estudio. Yo comulgo con la primera frase. Si estudio y leo, no es para jactarme, sino porque me fascina y me hace libre igual como me libero al nadar, hacer pesas, artes marciales o cultivar vegetales. Alegrías y penas han habido varias: viajes a Orlando y México, Virginia Beach, Connecticut, Bethany Beach. Algunas becas de literatura y cuentitos míos que lograron algo. Pero también hubieron problemas de salud y algo de agobio porque estudiar una maestría implica a veces renunciar a un buen trabajo y los beneficios laborales. Algunas otras penas: no poder asistir a los sitios donde iba a leer ensayos y cuentos debido a muchos contratiempos: California State University, Georgetown University y Wesleyan University. Ya habrán tiempos mejores… Igual en medio de todo, el amor de ELLAS, el de la familia y el pequeño circulo de amigos, escritores, colegas, amigos de barrio, de universidad, de rebeldía, de aquellos familiares y amigos que han fallecido en estos años, hacen de este camino sinuoso, un lugar más accesible para caminar. Porque a mí el recuerdo de todo lo vivido no se me empoza en el alma sino que me ayuda a avanzar con más coraje. A veces reflexiono también que a pesar de no ser tan “viejo” ☺ tengo costumbres antiguas: me gusta escribir cartas a mano o enviar una postal. Creo que hasta mi madre es más activa en Facebook que yo.! Hola mamá! ☺ Entonces querido tío, primo, amigo(a) que me escuchas. TU ERES TU DESTINO. Si no me vez en línea aquí o no contesto rápido no es como dijeron algunos “amigos” porque no les quiero hablar. Es porque desde mi “retorno” a FB entro cada tres cuatro días. Si me mandas un mensaje en privado o un email (mail) te contestaré. Yo deseo hablar con todos lo que me estiman y aprecian. Espero en algún momento volvernos a ver y tomar un café, una cerveza o una copa de vino. Siento mucho orgullo de mis amigos del barrio, de Bausate, de mi querido Sporting Cristal, colegas, escritores y gente que conocí con el devenir de los años. Estos tres últimos años he decidido desasnarme un poco más. Eso es todo. Seguiremos conversando poco a poco. Hasta luego pues… Un abrazo fraterno Hemil

jueves, 14 de agosto de 2014

Manuel Miguel de Priego, un entrañable y recordado intelectual peruano

Ayer encontré un artículo escrito por el maestro Manuel Miguel de Priego, catedrático de la UNIFE y Jaime Bausate y Meza y me entró no solamente la nostalgia, sino un grato recuerdo. La nostalgia es añorar lo ido, el recuerdo es rememorar con alegría. Y es esto justamente lo que sentí al leer el artículo de Manuel Miguel de Priego. Nunca fui su alumno formalmente pero siempre escuché a alumnos de otros ciclos hablar maravillas de él mientras yo me retorcía de la envidia y suerte de otros. El destino confabuló compensándome de otra manera y puede conocer al maestro fuera de las aulas. Yo era un muchacho rebelde, algo incendiario y lectorcito de Sartre (y luego de Nietzsche), y no por moda como se acostumbraba en aquel entonces, realmente me fascinaban y hasta hoy los sigo leyendo. Yo tendría catorce años cuando leí El muro y debo haberle leído una diez veces en tres décadas y siempre encuentro algo nuevo. Igual, en 1990 yo era un cachimbo más, alguien que no sabía nada y debía aprender. Tenía casi diecinueve y había vagado un año completo resistiendo los embates de la tradición familiar: tienes que ser dentista como tu padre y tu hermano. Estudiar periodismo fue una escape para no ser dentista. La Sociedad Interamericana de Prensa nos dio la bienvenida a los alumnos de Bausate y Meza; un vocero dio un mensaje ( en realidad era un speech) íntegramente en inglés. Luego vendrían las preguntas de rigor. Entonces hice un par de preguntas (íntegramente en inglés) ante el “ooooo” de todo Bausate. Yo había estudiado inglés desde los diez años, entonces el inglés siempre era una lengua relativamente “común” para mí. El director de Bausate (muy simpático él) dijo que los alumnos de Bausate estaban muy preparados. Mis clases en Bausate apenas habían empezado por lo tanto mi padre sonrió cuando le conté la anécdota. “Tu madre y yo te hemos preparado con lo del inglés”, me dijo. Al final los de la SIP se acercaron a felicitarme y fue allí que conocí al profe Miguel de Priego. Era una persona muy intelectual pero también tenía un gran sentido del humor. A partir de allí me tomó cariño ( y yo a él). Nos vimos fuera de clase un par de veces e incluso me invito a su casa. Seguirlo en una tertulia era complicado porque pasaba de un autor a otro, citaba libros, los comparaba. Hablaba como si todos hubieran leído como él, pero no había arrogancia en el maestro. Simplemente era una biblioteca humana y por ratos se olvidaba que no todos tenían sus conocimientos. Mis primeros tres años pasaron por Bausate hasta que el profesor dejó Bausate o Bausate dejó ir a un joya de la enseñanza. Yo ya tenía veintitrés cuando conocí a la que hoy es mi esposa, compañera y amiga. Ella estudiaba en la UNIFE y, coincidentemente, Miguel de Priego era su profesor. No niego que hasta hoy me sigo lamentando de no haber sido su alumno pero al menos por medio de mi compañera podía saber de él. Nos enteramos que el profesor tenía cáncer y estaba haciendo quimioterapia pero igual seguía trabajando con entereza y dedicación. Al profesor Miguel de Priego le conté (con mucha vergüenza) que quería ser escritor . Por aquel entonces ya estaba en mi primer taller de narrativo con Reinaldo Santa Cruz en el Centro Cultural La Noche. Recuerdo las lecturas de los sábados por la tarde, los comentarios luego de la lectura, la única cerveza que hacia durar dos horas y hasta las discusiones y desavenencias. Al final del taller hubo una lectura y el profesor de Priego asistió al igual que mi actual esposa, dos o tres de sus amigas de la UNIFE y algunos amigos míos. Recuerdo que Reinaldo saludó al maestro Miguel de Priego agradeciéndole su presencia en la lectura. Miguel de Priego respondió con un gesto agradecido y luego me miró a mi de manera fulminante pues era un intelectual de aquellos que no necesitan colmarse de elogios. La generosidad de Miguel de Priego fue conmovedora. Muy caballero él, nos invitó Pisco Sour a todos y luego fuimos a cenar. Fue una noche esplendida. Miguel de Priego se llevo mi cuento, luego me comentó que estaba muy bien escrito y que debía dedicarme a escribir con ahínco. Posteriormente Miguel de Priego me exigió ver más cuentos, me dijo que no trabaje en nada que no fuera literatura y que solamente me dedique a escribir. Honestamente a mí me entró el pánico porque yo ya empezaba a sufrir la economía peruana tambaleante de los 90. No trabajaba y mis padres pagaban mis estudios (algo común en mi época) pero igual yo sufría al tener los bolsillos vacíos como todo estudiante en similar condición. ¿ Cómo vive uno siendo escritor si no tiene trabajo? ¿ Qué hace uno con los manuscritos que lleva en la mochila como una piedra pesada? Yo deseaba trabajar como periodista y eventualmente encontré trabajo como reportero pero la paga era austera por no decir miserable. Luego decidí trabajar en un banco. Buscar algo seguro. Miguel de Priego y yo nos vimos y revisó mis manuscritos descuidados (yo estaba obsesionado por hallar un buen trabajo y no pensaba en escribir). Recuerdo lo que me dijo: esto que has escrito es una mierda. En su momento me dolió pero el profe tenía razón. Yo no me dedicaba a trabajar en mis escritos con esmero. Sólo lo hacia cuando me venía “la inspiración” (que por cierto, según Faulkner, no existe). Miguel de Priego me dijo que me ayudaría a ser publicado en El Peruano, entre otras cosas. Era un hombre muy generoso y bien intencionado. Pero yo no puse mayor tiempo a escribir ni pude corresponderle escribiendo mejores textos. Toda mi vida era una nebulosa, tenía una pelea de hienas en las cabeza y nada estaba claro en mi. Nada. Igual, un domingo por la tarde Miguel de Priego me llevó al Club Chincha para una celebración y allí me presentó a un editor y le dijo tantas veces que me publique hasta que el editor terminó preguntándome sobre mí y mis cuentos. Esa vez me volvió a entrar el pánico y no pude hablar mucho de mis cuentos y , posteriormente, nunca contacté al editor. Pese a mis errores juveniles siempre llevé conmigo los consejos de Miguel de Priego. Me dijo qué libros leer y algunos de sus enfoques para enseñar. Me pidió que no deje de escribir y sobre todo, me enseño que la educación no es solamente seguir un silabo de memoria. No sé por qué ni cómo ocurrieron las cosas pero un día sentí que ya no quería estar en Lima, que me ahogaba, y entonces, tomé un avión y me fui a Washington DC. Yo que había encontrado algo “seguro” reparé que también lo “seguro” puede significar tedio, estancamiento, no cuestionarte, no querer hacer lo que realmente sueñas. Pensaba estar fuera de Lima por seis meses… Ya son catorce años desde aquel viaje del cual no hubo ni habrá retorno. Pasaron muchos años (casi una década) cuando volvió a mí, como un viejo vicio, el deseo de escribir. Hoy soy escritor (desconocido pero escritor al fin) y enseño en la universidad George Mason en Estados Unidos y pienso que si logré dejar atrás el buen salvaje que fui es gracias en gran parte a Manuel Miguel de Priego. Recuerdo que mi esposa y yo lo llamamos un par de veces. El maestro nos preguntaba de la vegetación de Virginia, hablamos de Mark Twain y le prometimos una colección de su libros pues íbamos a ir a Connecticut a la casa-museo de Mark Twain. El 2003 volví a llamar al profesor Miguel de Priego y hablé con su esposa quien me comentó entre sollozos que el profesor había fallecido debido al cáncer contra el que luchó siempre. Hasta hoy conservo la colección de libros que no he podido abrir, porque siento que no son mis libros. Sé que en algún momento, en otro plano, podré tomar un café con él ( o un Pisco como aquella vez en el Club Chincha), le entregaré sus libros y le diré muchas cosas que no puede decirle; hablaremos de todo: de Valdelomar, de Rainer María Rilke y de The Doors. Le mostraré el primer libro que publiqué y en el cual está incluido el cuento que leí en La Noche, frente a mis amigos; entre ellos, Manuel Miguel de Priego, un entrañable y recordado intelectual peruano.